El Comerciante y el Genio: Un Relato Mágico de Destino y Misterio
Descubre la fascinante historia de un comerciante que, tras un desafortunado encuentro con un genio vengativo, debe enfrentarse a su destino. Un relato lleno de magia, misterio y giros inesperados que te mantendrá atrapado hasta el final
2025-03-18 00:51:59 - the boss
Había una vez, en un reino lejano, un comerciante que viajaba constantemente. Un día, mientras recorría un árido desierto, decidió descansar bajo la sombra de un árbol. Sacó un pedazo de pan y un dátil de su bolsa, comió tranquilamente y luego arrojó el hueso del dátil al suelo.
De repente, frente a él apareció un genio enorme con una espada brillante en la mano. Su mirada era feroz, y con voz grave le dijo:
—¡Voy a matarte como tú mataste a mi padre!
El comerciante, sorprendido y asustado, preguntó:
—¿Cómo es posible que haya matado a tu padre? ¡Ni siquiera sabía que existía!
El genio respondió con rabia:
—Cuando tiraste el hueso del dátil, golpeaste el ojo de mi padre mientras caminaba. Cayó al suelo y murió en el acto.
El comerciante, sintiéndose atrapado, intentó razonar con el genio:
—Si realmente causé su muerte, fue sin intención. ¡No sabía que estaba allí! Te pido perdón y te ruego que tengas piedad de mí.
Pero el genio no estaba dispuesto a ceder:
—¡No hay perdón! Tengo que vengarme.
El comerciante, viendo su destino sellado, intentó hacer un último trato:
—Déjame regresar a mi casa para arreglar mis asuntos. Tengo deudas que pagar y una familia que depende de mí. Te juro por Dios que dentro de un año regresaré a este mismo lugar para cumplir con mi destino.
El genio, después de pensarlo, aceptó el trato con la condición de que el comerciante jurara cumplir su promesa. Tras hacer el juramento, el comerciante fue liberado.
Volvió a su hogar, pagó sus deudas y contó a su familia lo sucedido. Todos lloraron y suplicaron que no regresara, pero el comerciante era un hombre de palabra. Así que, al finalizar el año, se despidió de su esposa e hijos y volvió al desierto.
Allí, bajo el mismo árbol, esperaba la llegada del genio, cuando de pronto, apareció un anciano con una gacela atada con una cadena.
—¿Qué haces aquí solo, amigo? —le preguntó el anciano con curiosidad.
El comerciante le contó su historia. El anciano, intrigado, decidió quedarse para ver qué pasaba.
Mientras conversaban, apareció otro anciano con dos perros negros.
—¿Por qué están aquí en un lugar tan peligroso? —preguntó el segundo anciano.
Cuando escuchó la historia, decidió quedarse también.
Poco después, llegó un tercer anciano con un mulo. Al enterarse de lo que ocurría, se unió al grupo.
De repente, el aire se llenó de un humo espeso y oscuro. El genio apareció con su espada desenvainada, listo para cumplir su venganza.
El primer anciano, el que tenía la gacela, se adelantó y dijo:
—Oh, poderoso genio, antes de que mates a este hombre, ¿me permitirías contarte mi historia? Si te parece lo suficientemente interesante, ¿me concederías un tercio de su vida?
El genio aceptó, y el anciano comenzó su relato.
(Se cuenta la historia del anciano y la gacela, seguido por las historias de los otros dos ancianos, cada una más sorprendente que la anterior).
Al finalizar la tercera historia, el genio, asombrado, dijo:
—¡Nunca había oído relatos tan increíbles! Te concedo el último tercio de la vida del comerciante.
Y con eso, el genio desapareció, liberando al comerciante de su destino fatal.
Los tres ancianos se rieron y abrazaron al comerciante.
—Dios nos envió aquí porque sabíamos que cumplirías tu palabra. Hoy es tu día de suerte.
El comerciante, aliviado y agradecido, regresó con su familia, más consciente que nunca del valor de la palabra y la justicia del destino.
Fin